No Fear: Comunicar para Colaborar

No somos ni dioses ni diablos. Ni sabemos todo, ni valemos para todo, ni llegamos a todo. 

 

Contamos habitualmente con colaboradores para llevar adelante nuestros proyectos. Sabemos por qué. No solo ocurre que nuestro tiempo es finito. Necesitamos a expertos que materialicen lo que definimos desde lo general, o que sean complementarios a nuestra área de especialización. 

 

Cada persona somos un mundo. Nuestra enorme complejidad se ve reflejada en la enorme dificultad para alinear, con distintos colaboradores, estrategias, propósitos, o una historia coherente que contar. Sin embargo, en marketing y comunicación, al igual que en otros ámbitos, se peca en muchas ocasiones de no dar suficiente consideración a este aspecto. 

 

Somos concienzudos con lo que queremos comunicar al público externo, pero no tanto con lo que contamos al colaborador más cercano, o a quien hemos contactado para una responsabilidad o una tarea. Las asunciones y limitaciones personales se ponen en medio. 

 

Uno de los pecados mas habituales es confundir delegar una responsabilidad o tarea con descargarla sobre alguien. No basta decir “tú ocúpate de tal, por favor”, sin asegurarnos de que la otra persona conoce el objeto y los plazos de la tarea. ¿Quizá contamos también con aprendizajes concretos que trasladar? Es posible que antes hayamos intentado cubrir su labor por medios propios. 

 

Yendo más allá, es conveniente compartir cierta visión estratégica, para sentirse partícipes de un objetivo común. Es indispensable sobre todo con personas recién incorporadas. Una persona profesional debe poder conocer cómo encaja su labor y qué impacto tiene sobre el proyecto. 

 

Una causa para no comunicar estas cuestiones es que, de entrada, no estemos muy seguros del propósito. Desde luego, descargar una tarea no va a hacer que la colaboradora nos entregue una solución mágica que dé respuesta a cuestiones fundamentales que deberíamos responder nosotros. Es comparable a meter a alguien en un cuarto en oscuras y pretender que dibuje un plano fidedigno de la habitación. 

 

A veces nos encomendamos a la capacidad de visión de la persona colaboradora. En otras ocasiones, pecamos de no confiar que en que la otra persona vaya a convertir nuestra visión en realidad, exactamente como la habíamos ideado. Como resultado, ejercemos un control excesivo, no dejando al colaborador proceder según su criterio profesional. Y nos cerramos a que enriquezca el proyecto con ideas propias, desaprovechando el input de sus experiencias y conocimientos. 

 

Debemos tratar de no perder de vista el propósito del proyecto. Una vez incorporamos una colaboración, debemos asumir que el proyecto es un poco menos nuestro y algo más compartido. Si algo se desvía un poco, tratemos de no saltar inmediatamente a dirimir culpas. Pasemos a la búsqueda de soluciones. Para cumplir con el propósito.

 

Cuando seamos colaboradores, y veamos que no se nos ha trasladado información esencial para la tarea, pidámosla razonadamente, sin sentimiento de culpa, por no saber. Y si vemos que nos marcan en exceso, expliquemos nuestra posición y seamos asertivos, sin miedo a ser juzgados, por hacer valer nuestra contribución. 

 

Imagen principal: El diablo viste de Prada (2006)

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Alex Atxa Escrito por:

Freelance del Marketing. Eibartarra que encontró un camino en América Latina. Asomo la cabeza en este blog compartido.

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